lunes, 31 de mayo de 2010

migrantes



...en estos días en que contamos a millones el número de desplazados en el mundo, al mismo tiempo en que el dinero viaja a la velocidad a la que se desintegra la conciencia... en estas horas en que son acribillados a sangre fría los solidarios que llegan hasta la boca del lobo para llevar ayuda a las presas del fundamentalismo sionista, en estos tiempos de indiferencia general ante la barbarie... Yo me mudo también, cojo las maletas y me paso al software de código abierto...
Gracias al Curso de Periodismo Crítico de Diagonal, que nos abrió las ventanas...

Me mudo al blog de los silencios, porque la poesía se escribe cuando ella quiere...

martes, 12 de enero de 2010

After dark

–Quiero decir que yo, entonces, lo veía así. Fuera lo que fuese lo que hubiese ocurrido, mi padre no tendría que haberme dejado solo. No debería haberme dejado huérfano en el mundo. No tendría que haber ido, bajo ningún concepto, a la cárcel. Por supuesto, en aquella época, yo no sabía con exactitud qué era la cárcel. Sólo tenía siete años. Pero me la imaginaba como un enorme armario empotrado. Oscuro, temible y aciago. Mi padre jamás debería haber ido a un lugar así. –Takahashi interrumpe su relato–. ¿Tu padre ha estado alguna vez en la cárcel?
Mari niega con la cabeza.
–Yo diría que no.
–¿Y tu madre?
–Tampoco.
–Tienes suerte. Eres muy afortunada de que la cárcel no haya entrado en tu vida –dice Takahashi. Sonríe-. Aunque seguro que tú no te das cuenta.
–Es que nunca me lo había planteado.
–La gente normal no suele pensar en ello. Pero yo sí.

After dark, Haruki Murakami

miércoles, 30 de diciembre de 2009

domingo, 6 de diciembre de 2009

La revolución permanente, según el caracol



Nunca podremos ver una revolución social si antes no triunfa una revolución personal para conocernos a nosotr@s mism@s: un proceso de cuestionamiento interior, sin líderes ni partidos; sin dogmas ni credos políticos. Pero esta revolución interior nunca podrá ser transformadora si no cuestionamos nuestros propios parásitos (ego, identidades, trajes y máscaras que usamos en sociedad y que asumimos como nuestro "yo", mecanismo de defensa contra el miedo a los demás y a nosotr@s mism@s).

El resultado de este proceso revolucionario sería nuestra propia liberación, reconociéndonos en l@s otr@s, en la humildad y la honestidad, aprendiendo a no engañarnos ni engañar a nadie... Aceptándonos y amándonos, primero a nosotr@s y luego a l@s demás, que no son más que espejos.

Pero esta liberación nunca será posible si no nos liberamos antes de todas nuestras creencias esclavizadoras (las herencias culturales, familiares, sociales, de grupo...), de nuestras ideas compradas a módico precio en el mercado del Patriarcado (sexualidad castrada, machismo, feminismo patriarcal...), si no rompemos los barrotes de los códigos de barras que mercantilizan la vida, los seres humanos y la naturaleza misma (y que convierten el planeta en un inmenso monopoly con barra libre para la destrucción), si no tiramos abajo los aparentemente invisibles prejuicios raciales contra los invisibles, los prejuicios mentales contra quienes piensan distinto, el prejuicio de que el ser humano está por encima de los demás seres vivos animales y vegetales, o el que dice que siempre ha habido clases y que la paz de unos debe ser pagada por otros en la guerra... Si no combatimos por recuperar el sagrado territorio de la infancia (los juegos, las risas, el estar presente, el entusiasmo, la magia en los ojos, el surrealismo...), si no afrontamos nuestras adicciones a la autodestrucción (comida basura, ocio basura, telebasura, sexo basura, relaciones basura... complacencia de no ser un@ mism@ para suplicar la aprobación de l@s demás), si no nos liberamos de todos los trapos de colores que usamos como banderas y de todas las religiones que nos usan como si fuéramos sus trapos bajo la promesa de calmar el ahogo existencial del hombre...

Sólo así, desde nuestro centro hacia afuera, todas y todos juntos, llegaremos algún día a conocer hombres y mujeres libres. Mientras sigamos acatando, y no atacando, la norma que nos quiere domesticados, infelices, mansos, consumistas... en definitiva, dóciles y manejables para estar cada un@ separad@ del otr@ y de sí mism@. Mientras sigamos combatiendo el maltrato (no cuidarnos, no cuidar a l@s demás, no cuidar el planeta) con maltrato, cuando nos creemos que "estamos en la brecha" y no hacemos otra cosa que descuidarnos y descuidar a l@s demás en pos de unos nobles ideales... Mientras tanto, seguiremos condenados a vivir en las jaulas de tierra de esta normalidad en la que está permitido comunicarse y ser feliz. Donde no existe ley que dicte que esté prohibido volar. Pero vivimos en la cultura del miedo, en la que nos hablamos sin mirarnos al alma, nos abrazamos sin tocarnos, le pedimos al niño que se comporte como un adulto, y al adulto que camine siguiendo cada una de las leyes sociales...

Y tú, si piensas que eres libre, es que aún no has volado lo suficiente como para encontrarte con tus propias rejas.

sábado, 24 de octubre de 2009

La noche más larga de Xosé Humberto Baena



"Recuerdo aquellos días como si siempre fuera de noche", nos comenta Rafael Seco de Arpe, "Fierro", responsable del aparato de propaganda de Castilla en el FRAP (Frente Revolucionario Antifascista y Patriótico) en 1975. "Esas calles desiertas, húmedas y que no llevaban a ningún sitio, con el peligro acechando en las esquinas, o en los negros coches de los sociales, se me siguen apareciendo en mis pesadillas".
Él fue testigo de los últimos coletazos del franquismo. Los años de plomo en que tantos jóvenes fueron apresados, torturados y encarcelados por motivos políticos por el aparato represivo. La lista de asesinados en los 70 hasta la muerte de Franco llega a las 44 personas.

Un sistema que llegó avasallando a la población civil, y murió de la misma forma, con la intención de llevarse por delante a quien opusiera resistencia. En los años de la posguerra, las causas de muerte que llenaban los expedientes de los ejecutados en las prisiones fascistas siempre decían lo mismo: "Muerto en intento de fuga". Como una macabra repetición del destino, los que caían en los últimos años del franquismo encontraban al día siguiente en los diarios del régimen su epitafio en el titular que informaba que habían intentado matar a un policía.

El reloj de Xosé Humberto Baena, militante del FRAP de 24 años de edad, marcaba las 22:15 la noche del 22 de julio de 1975, cuando fue abordado por policías en la calle Apodaca. Al ser arrojado violentamente al suelo en su detención, su reloj se quedó parado, y ya nunca más volvería a andar. Comenzó entonces el esperpento macabro de un Consejo de Guerra franquista (con civiles) en el que le acusaron de haber matado a un policía (Baena firmó la declaración tras unas interminables jornadas de tortura, y porque nunca pensó que lo fueran a matar). Otros compañeros del Frente habían sido detenidos. Al término del juicio farsa más salvaje de la justicia española, dos miembros de ETA y tres del FRAP (entre ellos, Baena) fueron ejecutados. Los tres últimos en Hoyo de Manzanares, la madrugada del 27 de septiembre de 1975, aplicando el franquismo su principio inexorable de la crueldad inútil que acompañó al régimen durante sus cuarenta mil días. Ni las peticiones de clemencia al rey (que ya salvaguardaba los intereses del Estado), ni las peticiones del mismo Papa a Franco, ni la presión internacional, el asalto a la embajada española en Lisboa, la petición mexicana de expulsión de España de la ONU... nada pudo parar la bota de la venganza. Los batallones de ejecución estaban formados por policías y guardias civiles voluntarios, gente que aún hoy sigue viva y que no guardarán en su almohada las mismas pesadillas que refiere Fierro en sus noches. Flor Baena, hermana de Xosé Humberto, recuerda que aquel día el batallón iba pletórico a realizar su tarea, y una vez tiroteado el joven vigués lo celebraban delante de los familiares y amigos como si estuvieran brindando por una victoria.

Luis Eduardo Aute escribió aquellos días Al alba, en la que cantaba "presiento que tras la noche vendrá la noche más larga". Promiscuals, de la mano de José Ángel Lázaro, dedican esta canción al documental "Septiembre del 75", con la esperanza de poner fin a la noche más larga, que no era la muerte a tiros en el pelotón de fusilamiento franquista, sino la que vino después, y que habla de la amnesia, del "Borbón y cuenta nueva", de la invisibilización de la página arrancada de la historia, la cal en la memoria para que no se sepa que hubo miles de jóvenes que se entregaron en vida, hace tan solo un puñado de años, para que el monstruo no muriera como murió (en la cama, dejando todo atado y bien atado en el estamento judicial y con demostraciones de poder absoluto, nombrando a su propio heredero) y se abriera un proceso verdaderamente democrático y popular.

Flor Baena sigue luchando hoy (recogiendo el testigo de su padre y de su madre) por la anulación del juicio que mantiene en la historia que su hermano fue un asesino. Manteniendo la llama de la vela que le dejaron sus padres desde 1975 por recuperar la dignidad y la memoria de Xosé Humberto, para que de una vez, por fin, su reloj pueda volver a caminar y aparezca algo de luz en la noche del olvido.

Las cartas que Baena escribió desde la prisión de Carabanchel (otro de los símbolos de la crueldad franquista desaparecido de la memoria recientemente por quienes hablan de memoria histórica y son incapaces de reparar a las víctimas del franquismo), cartas que se pueden encontrar por internet, acaban resultando una tesis sociológica sobre cuáles eran las condiciones de vida de los jóvenes que decidían dar el salto a las organizaciones revolucionarias para tratar de luchar por mejorar sus condiciones de vida. A él le detuvieron una vez en Vigo, en una manifestación estudiantil (era estudiante universitario), y ese acto incauto le costó el empujón hacia la marginación social contando con apenas 20 años de edad (la policía le retiró el "código de buena conducta", necesario para conseguir un trabajo, y hubo de decir adiós a su prometedora carrera para condenarse de por vida a trabajos eventuales, indignos y peligrosos (acabó de peón de fundición), y terminar huyendo de su ciudad natal por presiones policiales tras participar en la colecta para pagar la tumba de un obrero de Fenosa tiroteado por un guardia civil en un Primero de Mayo en Vigo).

Hoy, estos antiguos hijos del pueblo se contarán por miles y seguirán viviendo, sobreviviendo, en una España que los ignora y que decidió no mirar siquiera a los responsables de tantas masacres, en los días en que asistir a un Primero de Mayo o realizar una pintada en solidaridad con los compañeros se convertía en un arriesgado asunto de vida o muerte.

Desde el 6 de noviembre, podemos ver en el Pequeño Cine Estudio la película "Septiembre del 75", que acaba de ganar el 2º premio de la sección Tiempo de historia de la Seminci.

viernes, 18 de septiembre de 2009

De aquellos sueños, estas prisiones




Desde que tenía 14 años, el joven Amadeu Casellas se entregó al ideal anarquista. En aquellos tiempos vivía bajo la bota del franquismo, y el ambiente de conflictividad social exigía cada día respuestas por todos lados. Poco después, a finales del año 1975 murió el perro (en la cama), y quedó la rabia. La rabia porque todo, como avisó el jefe del Estado desde casi la ultratumba, había quedado atado y bien atado: en unos meses se firmaría una paz basada en la amnesia y la amnistía general (incluida la del Régimen, que durante 40 años llevó a cabo la mayor de las represiones vividas en Europa Occidental tras el Holocausto nazi).

Así que en 1976, Amadeu participa en numerosos atracos a bancos para ayudar a financiar las luchas obreras de esa Transición tan idílicamente representada en los documentales actuales. La prensa de entonces lo llegó a denominar “el Robin Hood español”. Las incontables jornadas de huelga (y la salvaje represión que se ejercía contra la juventud en los también incontables asesinatos –Reboiras, Ruano, los asesinados el 3 de marzo en Vitoria, los del 27 de septiembre en Madrid y Catalunya, los abogados laboralistas de Atocha, los sanfermines del 78, Gladys del Estal en el 79...) hacen que el clima laboral tome un cariz pre-revolucionario, ante el cual las cúpulas de los sindicatos y los partidos obreros mayoritarios decidieron cometer la mayor de las traiciones a sus propios ideales, firmando una rendición ratificada en los Pactos de la Moncloa.

Casellas es detenido en 1979, año en el que entra en la Modelo barcelonesa. También son los años de los motines de la COPEL (Coordinadora de Presos En Lucha), acciones por la dignidad en las prisiones, como formas de protesta por la terrible situación de las masificadas cárceles del Estado en aquellos años, donde la convivencia entre presos, heroína y tuberculosis (sustituido posteriormente por el sida) estaba patrocinada por el Ministerio del Interior.

Prácticamente desde entonces (cuando salió en 1981, volvió a atracar bancos para seguir devolviendo el dinero robado –por los bancos– a los movimientos en lucha y a las personas necesitadas, y así volvió a entrar en prisión en 1982 y en 1985 por última vez), Amadeu no ha conocido la libertad. En su historial “delictivo” no constan delitos de sangre, y seguramente si sumamos todo lo que robó hace más de 30 años no llega ni a igualarse con las stock options que cobrará un solo directivo cuando toca reparto de beneficios anuales en el Banco de Santander, ni a la cantidad que haya “desaparecido” según los sumarios de Gescartera, de la PSV o de cualquier cooperativa inmobiliaria, filatélica o de ahorros que se juega en el casino sus activos y los pierde.

Desde 2008, Casellas se está pudriendo entre la humillación y la invisibilización absoluta. La ley, que trata a los seres humanos según su condición, establece un tope de años de condena, y Amadeu los cumplió el año pasado, en que debía conseguir automáticamente el Tercer Grado. Pero se le considera peligroso, porque la ley defiende antes a la propiedad que a las personas. Por eso lo mantienen a la fuerza en la cárcel. Y por eso él ha iniciado ya varias huelgas de hambre. La última ya suma más de dos meses, y desde el 7 de septiembre ha anunciado que suma una huelga de sed a su ya precarísimo estado de salud, y que llegará hasta el final. Sus carceleros desde hace tiempo no le permiten recibir visitas y le intervienen el correo con las muestras de apoyo, que ya nunca le llegan. Y desde instituciones penitenciarias le responsabilizan de todo lo que suceda fuera de las cárceles, con lo que cualquier denuncia que se hace de su situación le pasa factura entre las invisibles rejas de nuestra democrática sociedad.

Una persona digna en un mundo que nos quiere sumisos.
Si hubiera elegido el camino de la rendición cuando tantos compañeros de viaje se subieron al tren que circulaba a toda velocidad por la tercera vía, probablemente ahora habitaría el confortable despacho de una de las sofisticadas lavanderías del establishment político (un sindicato, una ONG, una Fundación, quizá un partido político… u otras formas de existencia del funcionariado).

No lo conocemos, pero sabemos quién es. La BSO de Hechos Contra el Decoro nos da la pista: "¿Que sabes de mi vida? ¿Y qué te voy a contar? No te he visto nunca, y te conozco bien. Como la moneda esto tiene dos caras: por un lado el obrero, y por otro, el burgués..."
Seguro que él soñaba desde los 14 años con el lema de los anarquistas de los años 30, que en los vehículos de los milicianos y en sus banderas negras, exhibían orgullosos y esperanzados la consigna “U.H.P.” (“Uníos, hermanos proletarios”). Ahora esas son las siglas de lo que cada día le alcanza a ver la vista entre los barrotes, hasta que sus ojos de luchador libertario, tras casi 30 años privado de libertad, se acaben por apagar mientras la sociedad, que debía reconocerlo y liberarlo, lo ignora: U.H.P. (Unidad Hospitalaria Penitenciaria).

domingo, 13 de septiembre de 2009

l@s niñ@s y el recuento general



Mañana comienza la vuelta al cole... Esa institución tan incuestionable, no ya solo por las fuerzas políticas o agentes sociales de nuestra sociedad, sino también por las fuerzas políticas y los agentes policiales de nuestra propia conciencia.

Una cárcel positiva y levantada para nuestro bien, un recinto vallado para nuestra seguridad, un horario férreo para fomentar nuestra disciplina, una amenaza de expulsión permanente si no se acatan las reglas bajo el principio de autoridad... todos ellos principios fundamentales del sistema. Un sistema tan evolucionado que nos ofrece prisiones sobre un envoltorio atractivo (la publicidad que nos vende una felicidad alcanzable en largos plazos, las cadenas del trabajo precario que nos ofrecen para conseguirla, los modelos de ocio, de sexualidad, de familia, de pareja, que nos vende la educación televisiva a través de sus series, películas, prensa rosa y demás inocentes espectáculos modernos...)

La escuela del mundo al revés. Todo comienza en el momento tan vulnerable en que las criaturas forman su sensibilidad y su carácter... en el que se les quedará impreso para siempre el sello de la carencia y quedarán marcados sus rasgos esenciales y sus emociones. Niñas y niños que en tantos momentos desean ver la escuela ardiendo, cuando se convierte en un cementerio de sueños e ilusiones, un reloj parado que mantiene secuestrada la magia de los ojos infantiles, una creatividad perdida, un contenedor de las frustraciones de profesores derrotados, esa flecha cuyo final está marcado ya en tantos casos, y cuyo destino infranqueable es ser la carne de cañón tan imprescindible para que funcione el sistema... Niños y niñas uniformados que si no son como los demás quieren que sean, no les será devuelto el amor. Niños y niñas camino de convertirse, a pasitos cada vez más rápidos, como explica la película "Revolver", en "monos trajeados suplicando la aprobación de los demás".

Niñas y niños que sólo desean entregarse al juego, y acaban viéndose sometidos al mundo y a los principios de los adultos, desde la escuela a la casa. Magia, brillo, creatividad, iniciativa... acaban perdidas en el extinto País de los Sueños, para ser sustituidas por disciplina, obediencia y reglas (reglas no sólo para convivir, sino también para crear y para jugar). "El sistema que nos enfermó, nos enseña a leer y escribir", decía una canción de Rage Against The Machine. Nuestro paso por la escuela cumple a la perfección las instrucciones de los que Nico Hart llamó los tres ejes de la mercantilización escolar: formando al perfecto consumidor, a la mano de obra necesaria y al audaz competidor que se lance a la conquista de los mercados. Formados para aprender nuestros deberes, la escuela no nos enseña a buscar nuestros placeres. Los itinerarios educativos de la educación bancaria y el silencio reverencial ante la figura del profesor hablan poco (y cada vez menos) de la formación emocional, espiritual, creativa o sensitiva de los educandos, ni del profundo valor transformacional de la lectura. Qué decir del fomento del reconocimiento del otro, o del apoyo mutuo, cuando individualismo y libre competencia son los principios transversales desde la educación al mercado.

Una escuela que tan a menudo genera prejuicios en vez de inquietudes, bloqueos en vez de estímulos... Decía Galeano que "el mundo trata a los niños ricos como si fueran dinero, para que se acostumbren a actuar como el dinero actúa", y que "mucha magia y mucha suerte tienen los niños que consiguen ser niños". Miedos, llantos, creencias negativas sobre nosotros mismos, quedan escondidas en nuestros agujeros secretos, que solo unos pocos afortunados podrán tocar después, de adultos, si tienen las herramientas adecuadas para iniciar ese viaje de recuperar el poder.

Una escuela que nos educa en una sola dirección, sin fomentar el pensamiento crítico y la capacidad de cuestionarlo todo. Quizá sea por eso que los media informan de los padres que no llevan a sus hijos a la escuela como si fueran delincuentes, mientras lo normal y bien visto es que los padres lleven a sus hijos a la escuela cuanto antes mejor (y les apunten a todas las extraescolares que se pueda) para que no molesten en casa. Y hace no tanto, Iñaki Gabilondo avisaba de los peligros que entrañaba no escolarizar a los niños ("¿qué problemas de socialización no tendrán después?" era la simpática frase que dejaba colgando al final), vendiendo el miedo y la idea de que, quien no escolariza a una criatura, lo encierra bajo llave en un baúl. Lo bien visto es que los niños estén educados atados a la pata del televisor, principal educador de la familia.

En el Estado, unas 4.000 niñas y niños (unas 2.000 familias) forman parte del colectivo que se educa en formas alternativas a la escuela, ya que aquí la educación es obligatoria (otra trampa, ya que sobre el atractivo principio de evitar que muchos jóvenes comiencen a trabajar antes de tiempo, se criminaliza a quien quiere apostar por hacer algo diferente, no desde los intereses del padre sino desde los intereses del niño; no desde los intereses del Estado o del mercado sino desde los intereses del niño, que acaba siendo objetivo del Estado y de sus programas educativos).

Mientras, en EE UU la cifra de gente que "crece sin escuela" supera el millón de criaturas, que son educadas ya sea en casa o en colegios no reglados. El principio es "acompañar" al educando, no imponer. Asesorar sobre la plena dedicación a él, no indicarle el camino bajo el miedo a no ser respetado por él o por el grupo. Aquí, sin embargo, la presión escolar, el abandono, el fracaso, el bullying y la conflictividad, cada día lamentablemente ocupan más espacio entre los titulares cotidianos.

Al final, no es más que un ladrillo en la pared..., al final, no eres más que una pieza más en el engranaje del sistema...

jueves, 10 de septiembre de 2009

poema de nieve y fuego





















TIERRA DE FUEGO
Los turistas se desperezan y excitan
cuando la cresta del glaciar se resquebraja.
Ese derrumbe de la naturaleza gótica
provoca exclamaciones de jubiloso espanto.
Tal vez retrocede por vergüenza,
tal vez por los disparos de los flashes,
tal vez por los lamentos de asombro.
El éxito, la extinción.
La naturaleza, sí, imita al arte.

TERRA DE FOGO
Os turistas espreguízanse e excítanse
cando a crista do glaciar escacha.
Ese derrubamento da natureza gótica
provoca exclamacións de xubiloso abraio.
Talvez retrocede por vergoña,
talvez polos disparos dos flaxes,
talvez polos laios de asombro.
O éxito, a extinción.
A natureza, si, imita a arte.

TERRA DE FOC
Els turistes fan estiraments i s’exciten
quan la cresta de la glacera s’esquerda.
Aquest esbucament de la natura gòtica
provoca exclamacions de joiós esglai.
Potser torna enrere per vergonya,
potser pels trets dels flaixos,
potser pels laments de sorpresa.
L’èxit, l’extinció.
La natura, sí, imita l’art.

SUAREN LURRALDEA
Turistak urduritu eta artegatu dira
glaziarraren gandorra zatitzen denean.
Izaera gotikoko amiltze horrek
harridura pozgarriko oihuak sortzen ditu.
Agian lotsarengatik atzerantz egiten du,
agian flashen argiengatik,
agian harridurazko kexu oihuengatik.
Arrakasta, suntsipena.
Izadiak, bai, artea imitatzen du.

(La ilustración es de El Roto, el poema de Manuel Rivas, de su último poemario tetralingüe. Su lectura nos permite, gracias a Biel Mesquida, Jon Kortazar y él mismo, adentrarnos en emociones, sonidos y demás entrañas del lenguaje -y sentir cómo cada lengua se adentra en el glaciar que se entrega al agua, buscando, rozando y acariciando la nieve y el fuego- a partir de la misma imagen visual de fondo).

lunes, 7 de septiembre de 2009

El arte de la tortura animal



“Hijos de puta, esto es lo que me da de comer!” gritaba poseído por la ira un individuo, derrochando violencia y miedo, suplicando clemencia, al medio centenar de “foráneos” que pedían en la plaza del pueblo de Ampuero (Cantabria) que no se torturara a más animales en las fiestas veraniegas. Esa misma frase que el ser humano ha pronunciado tantas veces en la historia, en boca de un torturador, ya sea en los centros clandestinos de detención en Buenos Aires, en 1976, o en Santiago de Chile en 1973; en los calabozos de la Puerta del Sol de Madrid en 1975 o en los del cuartel de Intxaurrondo en 1983; en los campos de exterminio de Mauthausen en 1942, en Guantánamo o Abu Ghraib en 2008… la frase sobre la que gira “V de Vendetta”, que no es más que una metáfora del ser humano en la era del miedo global. "Hijos de puta, esto es lo que me da de comer", también, por qué no, la frase del más fiero de los monstruos en los cuentos infantiles que nos contaban para que fuéramos obedientes, para que no fuéramos distintos. Palabras clave en el engranaje-sistema, donde tiene tanta importancia quien aprieta el botón como quien limpia la sala de torturas; quien clava el estoque o las banderillas, como quien vende las entradas o los refrescos a la puerta, porque todos son necesarios. "...Lo que me da de comer", el argumento incontestable para la supervivencia indigna en el entorno hostil que nos mantiene muertos en vida, y que consigue, de paso, que nada cambie. El trabajo que los hace libres, aunque sea a costa de torturar seres vivos hasta la muerte.

Cada día más personas (en las últimas elecciones generales hubo más de 50.000 votos al Senado para el Partido Antitaurino y Contra el Maltrato Animal) levantan la voz contra esa forma de barbarie que somete a los animales no humanos a la condición de peluches de feria o gladiadores inválidos frente al héroe de acero, en este circo inhumano que perpetúa la brutalidad, exportando la imagen de España con el símbolo del animal al que se mata por toda la geografía del Estado (en tal caso, el toro debería ser el símbolo de los antitaurinos, ¿no?; esto es tan irreverente como aquellos cristianos que eligieron la cruz de tortura como símbolo de su fe... ¿os imagináis que el símbolo de ETA, en vez de una hacha y una serpiente, fuera un guardia civil en una ikurriña?). La prensa, que hace juego y también caja de estos asesinatos de animales, tituló la noticia como “batalla campal”, cuando el propio vídeo que reproducía la web del diario (y que está en youtube) muestra cómo cincuenta jóvenes concentrados tras una pancarta recibían amenazas, insultos, empujones y botellazos, y cuyo autobús era apedreado mientras salían del pueblo entre los repugnantes gritos del vecindario. “Nos provocaban lanzándonos besos y grabándonos”, decía Amaya Fernández, presidenta de la peña “El Burladero”, justificando así su respuesta violenta ante tal atropello cultural. Un choque de civilizaciones.

En Galápagos (Madrid), este verano se ha vivido un incidente parecido: siguiendo una “tradición” del pueblo, los vecinos soltaban toros en el monte mientras los perseguían distinguidos habitantes desde su todoterreno (parece ser que la tradición se celebra desde hace siglos, aproximadamente desde el nacimiento del Land Rover, allá por el siglo XVII). Colectivos ecologistas y antitaurinos convocaron una protesta y avisaron a la prensa. El pueblo la ha tomado con un vecino, joven agricultor, militante de Ecologistas en Acción, acusándole de haber llevado a las cámaras al pueblo, y le han quemado el coche tras haber acosado a su familia, y todo ante la pasividad de la Guardia Civil. Tradiciones ibéricas por las que no pasan los siglos.

Con pena, me encuentro también la noticia de que en las fiestas del Loreto de Jávea (Alicante), se celebraba otro singular evento en el que una concejala del pueblo debía prender fuego a los cuernos de un toro. Para la res, era la primera vez que participaba como invitada en este tipo de saraos, que vienen a llamarse “toro embolado”. Y se puso tan nerviosa al ver su cornamenta en llamas que comenzó a correr hasta caer al agua. Presa del pánico, tragó tal cantidad de líquido que se ahogó rápidamente. El servicio de salvamento que el pueblo había reservado para la ocasión constaba de una barquita que no pudo hacer más que arrastrar el cuerpo muerto del animal hasta tierra. Lo que viene a ser un fiestón, vamos.

"¡Y acabarán por quitárnoslo todo!" se lamentaba a la prensa con desprecio una vecina de Coria (Cáceres), porque este año les prohibieron lanzar dardos con alfileres desde cerbatanas al toro que soltaban. Al animal le van cayendo decenas, centenares de dardos, y muchos de ellos se le quedan clavados en los testículos y en otras zonas sensibles, estando el animal mareado y con las pezuñas ardiendo de correr sobre las piedras.

Y esta gente reacciona violentamente, en los cuatro puntos cardinales de la península, cuando alguien viene a alzar la voz para denunciarlos. La viva imagen del apoteósico “España se rompe” enunciado contra los nacionalismos no españolistas, o del pánico frente a la falta de fe en una Iglesia que tanto ha dado por la Humanidad (y que tantas disculpas ha pedido por sus benditos errores) se vuelca con otro de los valores patrios... Curiosamente, los mismos pilares de esta civilización en apuros son los que claman al cielo cuando muere un cerdo (haciendo el símil literario con “Animal Farm”, de Orwell).

Leo también que cada agosto en las fiestas de Bilbao se matan 54 toros entre el orgasmo general. E imagino que en cada gran ciudad, o incluso en cada pueblo pequeño, la cifra será semejante (unos 250.000 animales son asesinados en el mundo cada año en este tipo de eventos, pero qué más da, aunque solamente sea uno el animal torturado en el teatro humano). Y no pasa nada, porque la normalidad es el maltrato animal, ya sea en forma de “fiesta nacional” o en forma de banquete (donde ellos acaban transmitiéndonos las enfermedades que el hombre les provoca mediante el hacinamiento, el maltrato, la medicación con antibióticos y la tortura en pequeñas celdas donde no se pueden ni mover, como ha pasado con las vacas locas, los pollos locos, las gripes aviares y porcinas y lo que vendrá). Niños de la mano de sus padres se pasean por los centros comerciales visitando los escaparates de cristal de las tiendas de animales, donde crías recién nacidas de gatos, perros, iguanas, conejos, cobayas y demás maravillas vivas de la naturaleza pasan jornadas interminables, y cuyo mejor final será el acabar encerrados en la jaula de un confortable hogar humano (para los más afortunados, la jaula sólo tendrá paredes de ladrillo). Niños también domesticados, que entran así en contacto con la naturaleza.

Ecuador (país de ignorantes ante los ojos occidentales que miran con paternalismo) enunció hace poco una nueva Constitución en la que la Naturaleza pasaba a ser un sujeto con derechos. Y aquí seguimos con la normalidad salvaje de las granjas de visones, de la tala indiscriminada para urbanizar, de los sembradores de alquitrán y los jardineros del ladrillo, de los laboratorios que experimentan con animales, de las fiestas nacionales y de las cada vez más numerosas tiendas-jaula con seres vivos (y solos, y aterrados) dentro, ya sea en forma de tenderete o de zoo o de circo. Y la Real Academia Española define “tauromaquia” como un arte. Si esto es un arte (entiendo que por sus particulares técnicas y su folklore anclado en los siglos), no veo por qué no se considera un arte a otras disciplinas salvajes como la pedofilia, o a las más modernas snuff movies, cuyas técnicas y cuya preparación es para unos pocos elegidos (o tarados que disfrutan de su técnica mientras ejercen daños irreparables a otros seres vivos, pero que podrían argumentar criterios económicos e incluso artísticos –según su idea de “cultura”, para la que cada pueblo o cada familia o cada tribu tiene la suya– para reivindicar la subsistencia de su “arte”).

Tampoco es de entender que el Código Penal tipifique como delito el maltrato animal (siempre y cuando sea un “maltrato con ensañamiento e injustificado” o se trate de un “maltrato cruel”, cuando sin lugar a dudas un maltrato siempre será cruel e injustificado) mientras se amnistía de la idea de maltrato a las corridas de toros y los eventos salvajes con animales no humanos, siempre y cuando hayan sido autorizados por la legalidad competente. Una vez más, dependiendo quién haga las leyes, así serán los castigos: si el Código Penal lo hubieran redactado las mujeres y no viviéramos bajo los hilos de este patriarcado, la cárcel estaría llena de maltratadores machistas; si las leyes las hubieran hecho los comités sindicales de las empresas, las prisiones estarían llenos de empresarios sin escrúpulos y con ansia de beneficio a toda costa por encima de las vidas humanas; y si vinieran desde la naturaleza y no desde la propiedad privada y el libre mercado que todo lo mercantiliza, tras las rejas habitarían pirómanos, constructores o directivos de las grandes industrias (farmacéuticas, agroalimentarias, químicas, madereras...) que devastan el medio ambiente y vierten tóxicos sin piedad al aire, a los ríos y a nuestros estómagos occidentales a un precio tan asequible)…

También encuentro este enlace por si queréis decir “no” a esta brutalidad:
http://www.ecologistasenaccion.org/spip.php?article15296
"El martes 15 de septiembre tendrá lugar en Tordesillas (Valladolid) una nueva edición de la “tradición” conocida como El Toro de la Vega, en la que la diversión consiste en soltar a un toro en las cercanías de la ciudad, siendo el animal perseguido por cientos de hombres que a pie o a caballo armados con lanzas acosan al animal y se las clavan hasta darle muerte.
Te animamos a que muestres tu oposición a esta tradición, participando en las movilizaciones que se organizarán el 13 de septiembre y enviando un correo electrónico a la Junta de Castilla y León, exigiendo la prohibición de esta brutal "fiesta"."




Tenemos esa obligación con nosotros mismos. Devolver la vida, la vida que está robando esa maldita máquina de administrar dolor y sufrimiento que llaman capitalismo. Que nos hace pensar que somos mejores que el resto de especies y que el resto de animales que pisan el mismo suelo, beben el mismo agua y respiran el mismo aire contaminado por los hombres. Hombres y mujeres que se dicen superiores. Hombres y mujeres que han sabido acomodarse a la barbarie y a la injusticia de un mundo construido a su medida.
De igual a igual, reconocernos parte de la realidad. De igual a igual, parte de un todo y no su totalidad...

(De igual a igual, Habeas Corpus)

domingo, 30 de agosto de 2009

Una vuelta a los años 80



Rebuscando en youtube, encuentro un fragmento de esta vieja canción (1984), que me emocionaba mucho en mi juventud, del grupo vizcaíno Yo soy Julio César. Acojo ahora las imágenes distorsionadas con colores inconscientemente ochenteros, del Botxo de entonces; el de mi infancia en un diminuto cuarto de literas y papel pintado, en el patio de un pequeño callejón cuesta abajo, colmena de inmigrantes con mina abandonada los domingos..., los días y noches sin padre, con tres hermanos, dos madres y una ría desbordada que arrastró a una gatita hasta nuestra casa. Imágenes que vienen para acoger mi propia imagen de hoy. Hoy, también, que anuncian públicamente que no hay presupuesto vasco capaz de sobrevivir al año que comienza, mientras destinaron multimillonarias partidas a aquella nueva forma de propaganda (cuando un ejército de ertzaintza y servicios de limpieza se plantan a mediodía en calles, plazas y pueblos para poner pintura encima de fotos de presos, que además de estar presos están prohibidos, para hacerse una foto que vender a la opinión pública mientras a la noche vuelven a estar los carteles encima...). Destinaron también un despilfarro desarrollista (la mayor inversión pública de la historia vasca) a las obras del TAV que nadie, aparte de las grandes constructoras y la élite turística, ha pedido; y entre severas afirmaciones de que esos proyectos son intocables aunque no haya cómo pagarlos, vuelven también las imágenes de los altos hornos y las fábricas de antaño, llenando el cielo de humo y el suelo de cemento. Y las calles, tan desescuchadas como desobedientes, de rabia.

Mientras, pienso en cómo podemos estar tan lejos, l@s unos de l@s otr@s, y tod@s con la madre tierra que no defendemos. Es un problema muy lejano, más bien primal. Un problema de educación, porque, cada día más, desde que nacemos al mundo, sustituimos el amor por el abandono y la rabia al sufrir la triple separación de la madre: de la madre tierra, de la que cada día vivimos más despegados y menos descalzos; de la madre naturaleza, lejos de los animales y del campo que es donde habla la vida, y de la mano de la madre patriarcal que dosifica la atención y el cariño siguiendo los pasos de los viejos doctores desde el parto medicalizado hasta la menopausia medicalizada. Y después, educad@s en el individualismo y la libre competencia desde que aprendemos a decir "yo, mí, me...", comenzamos a relacionarnos con los demás objetos y pasamos a ser una mercancía más.

"Tú no puedes enseñar a nadie a amar..., la única fuente de enseñar a amar, es amando. Y yo creo que el amor es la transformación definitiva".
Son palabras de Paulo Freire, en su valiosa pedagogía sobre la educación creadora y la transformación social a través de ella. La mayor de las utopías es que seamos queridos incondicionalmente, y que podamos sanar nuestras heridas para amar incondicionalmente desde que nacemos... porque tampoco podemos amar a nada ni a nadie sin antes aceptarnos y amarnos a nosotros mismos.

"¿Y dónde estará ese amor universal que tanto hablan los libros? Si existiera de verdad, todo sería distinto: habría mucha más luz en este agujero... Y el que tenga el amor, que le abran el bolsillo..." (Eskorzo, El que tenga el amor)

martes, 25 de agosto de 2009

La solidaridad como delito



Del verano traigo este mapa inservible para turistas desorientados...
En él hay marcados distintos pueblos, fiestas, idiomas y culturas abrigadas entre montañas y prados que no hay mano que los queme, aunque embestidas no faltan. Y también están marcadas distintas noticias, con la marca que deja hoy la prensa y sus continuas batallas para meter por vena el miedo: desde las vacunas contra el papiloma o las gripes hasta la vacuna contra el cuestionamiento del orden.

El día que daba comienzo el verano, estaba yo escribiendo una crónica para Diagonal sobre un festival pro-presos. Recuerdo los quebraderos de cabeza para medir las palabras, para no caer en los barrancos permanentes de la subjetividad. Y para tratar de ser fiel a lo objetivo: aquello no era un festival proetarra (era un festival para apoyar a los presos y a sus familiares), pero tampoco era un festival pro presos (no estaba dirigido a las 70.000 personas que viven privadas de libertad en las cárceles del Estado, sino a las casi 800 que se encuadran en la órbita del conflicto político vasco y sobre quienes caen las medidas excepcionales -alegales- de la dispersión y las sumas de condenas más allá del tope legal, lo que les otorga un estatus de represaliados políticos, porque son las instituciones políticas las que, según el contexto, han ido equiparando un acto de sabotaje callejero con un atentado terrorista, o una plataforma política con una organización terrorista). Así y todo, las palabras continuaban sin encajar... Conflicto político, víctimas, terrorismo, represión... Qué difícil es comunicar sin herir al otro ni a las palabras mismas.

Sin embargo, todo el verano he leído con asombro cómo el periodismo generalista estatal no se complicaba la vida ni un segundo. Cualquier intención de medir las palabras caía en el saco del simplismo. Así, no se ha hablado de mucho más que de "marchas proetarras" cuando se referían a muestras de apoyo a las personas represaliadas. Bares proetarras, fiestas proetarras, grupos musicales proetarras, txoznas proetarras... daba lo mismo si se hablaba de una pintada en favor de ETA que si los chavales del barrio de Santutxu querían dar la bienvenida a uno de la cuadrilla que volvía del talego: la palabra ETA estaba en todos los titulares. Todo, desde los amigos o familiares del ex preso hasta quien por allí se presentaba, pasan a ser proetarras automáticamente. Por supuesto, todo acto de poner en sus locales una foto del mozo ha pasado también a considerarse sistemáticamente exaltación del terrorismo. Da igual que el chico haya estado en la trena por militar en una asociación juvenil, por independentista o por haber provocado una masacre. Eso ya es lo de menos. Joyas del periodismo especializado en Derecho Penal, propaganda del nuevo mundo.

Desconfiaba entonces de la atención periodística, y me encontré con la respuesta enseguida: el mismo simplismo propagandístico se dirigía hacia el lado del Estado: para la prensa, la Ertzaintza nunca "irrumpió" en las fiestas populares a "arrancar" fotografías, sino que se vio obligada a "actuar y retirar" fotografías. Para ver algo que cuestione el Estado de las cosas, en un parlamento donde ya ni siquiera los partidos políticos tienen vinculación política alguna, uno debe refugiarse en la ficción, como en la película de Clint Eastwood "El intercambio", donde se oye que "la policía no quiere acabar con el crimen; sólo desea acabar con la competencia".

La misma noticia de las fiestas de Lizartza, en la que una anciana de 61 años ha sido condenada a cuatro años de cárcel por intento de agresión a un cargo del PP, ha sido tratada en El País y en Gara de una forma espeluznante, cada uno desde un victimismo fundamentalista que oscila entre el día a día de los amenazados y el apartheid político. Cada cual desde su parte del conflicto, donde solo existen "sus" víctimas y lo único objetivo es que no hay puente posible. Y lo real es que hay una Corporación gobernada por el PP tras haber conseguido sólo 27 votos, ya que, siendo un feudo tradicional abertzale, fue ilegalizada la coalición que se presentaba (y el poder va a caer nada menos que al representante de las antípodas políticas, históricas y culturales). El resultado, un pueblo ingobernable gobernado por la mano dura de Regina Otaola desde hace un par de años, y donde denuncian hasta al cura porque no deja entrar a los escoltas con pistola a su iglesia. La policía y el juez admiten que la mujer de 61 años no llegó a agredir a nadie, pero el juez dice que por llevar la ikurriña y la rabia contra la autoridad tenía intención suficiente de hacerlo.

Ella entrará en una cárcel, probablemente a 700 kilómetros de Lizartza, y en su pueblo no podrán poner su foto en las fiestas populares para recordar que debería estar con los suyos (uno de los objetivos, desde sus inicios, de las fiestas populares fue siempre recordar a los represaliados del conflicto político).

Esto llega ya a tintes de locura... Hoy el preso anarquista Amadeu Casellas sigue en huelga de hambre, en un delicadísimo estado de salud (visitad llibertatamadeu.blogspot.com) y quienes hemos difundido su lucha no nos hemos convertido en atracadores de bancos para luchas obreras ni hemos sido perseguidos por sus actos (considerados "crímenes" por quienes hacen las leyes, que casualmente nunca van presos ni persiguen a los criminales de guante blanco que dirigen la gran banca o los nidos de precariedad y siniestralidad laboral)... En su caso pasa lo que en los pueblos vascos, ya que el cartel enorme con las fotos de los presos reza el deseo de que salgan a la calle los presos que hayan cumplido la totalidad de sus castigos o los enfermos terminales, que son un montón (y también es el caso de Casellas). El no sacarlos por razones políticas les da un estatus político, ya que están ahí por las medidas de excepción. Denunciar eso no nos convierte en coautores de sus actos. El caso de Casellas es sangrante, porque además le están haciendo responsable a él de todo lo que se mueve fuera (denuncias de irregularidades en Instituciones Penitenciarias, protestas en la calle, etc), complicándole más la vida, aislándole en módulos incomunicado a modo del ilegal "fies" que se sigue aplicando, y sin recibir visitas ni de su propia defensa.
La Constitución Española establece, en el art. 25.2, que la finalidad de las penas privativas de libertad es la reeducación y la reinserción social. Los primeros que incumplen la ley son quienes utilizan el castigo permanente, la vejación y la tortura como método de reinserción al mundo de la barbarie.
Tampoco somos Ocalan, ni Leonard Peltier (quien lleva 33 años y medio preso, tras ser condenado sin pruebas), por más que participemos en campañas de apoyo al pueblo kurdo o a los movimientos indígenas...

Sin ir muy lejos, este mismo verano en las fiestas de Málaga ha campado a sus anchas un grupo de nazis (que llevan meses amenazando a todo lo que se mueve) agrediendo a personas de izquierda y reventando casetas. Y a ellos no se les ha dedicado ni el más mínimo espacio para concienciar a nadie. ¿Por qué? No son un producto apetecible para el mercado del miedo, que se rentabiliza desde arriba. Qué decir de las advertencias de la vuelta de la guerra sucia en los últimos meses (Jon Anza, Alain Berastegi y demás denuncias de secuestros, palizas, ataques contra coches de miembros de grupos abertzales y colectivos por la memoria histórica...). Los ataques fascistas, este mismo verano, se habrán contado por decenas (desde los bares de Iruña, el cementerio de Aizoain o el monte de San Cristóbal hasta todo lo que no se ve de la violencia racista o machista, incluida la policial en las comisarías de inmigrantes o la condena a 3 años y medio de cárcel para el joven que tumbó de un puñetazo a un mosso que tenía en sus manos un kubotán -arma ilegal de moda en los cuerpos de seguridad estatales- preparado para descargar sobre los jóvenes que se manifestaban... Otra vez, ¿quién es el violento?)
Esta gente campa con total impunidad por las calles de Madrid, Barcelona, Guadalajara, Valencia, Córdoba, Santander (hay testimonios y denuncias diarias, hasta las 4.000 agresiones anuales de carácter racista, fascista o xenófobo que registra Interior...) Por primera vez condenaron a la red nazi Hammerskin por "asociación ilícita", y les cayeron 14 meses como máxima condena, tras años de dar palizas a inmigrantes, homosexuales u oponentes ideológicos. Doble rasero el de la justicia española, que condena a 15 años al asesino (policía retirado) de Ángel Berrueta (familiar de preso vasco) tras el 11-M, y a 16 años a Hodei Ijurko por tirar dos cócteles molotov. Jueces que confunden "intento de homicidio" por "agresión" en casos como el del fascista de Guadalajara Israel Galve, famoso por asestar navajazos a militantes de izquierda en esa ciudad, uno de los cuales estuvo a punto de morir. Jueces que olvidan de repente qué es aquello de "agravante ideológico" cuando el acusado es un reconocido miembro de bandas fascistas y sus víctimas son activistas de los movimientos sociales, de juventudes de izquierdas o del Sindicato de Estudiantes. Doble rasero porque sólo se exige condenar a ETA, y no a los atentados fascistas (independientemente de que tengan resultado de muerte, como el asesinato de Carlos Palomino que el PP se negó a condenar en la Asamblea de Madrid). Y porque si pones la foto de un familiar o amigo preso te puede caer el delito de "enaltecimiento del terrorismo" o "colaboración con banda armada", mientras puedes mantener un bar (habrá cientos por la geografía española) presidido por fotos de Franco, José Antonio, símbolos fascistas... sin que ningún juez se preocupe por ello.
Pero sobre todo, doble rasero el de la prensa y los creadores de opinión, que invisibilizan las 4.000 agresiones, mientras enfocan regodeándose cada día, fieles ratas de la malinformación, el más mínimo enfrentamiento que ocurre en el País Vasco. Fomentando el odio, enfrentando a las víctimas para que la reconciliación social sea imposible. "Cuanto peor, mejor", es el lema de los terroristas. Y del Estado, tristemente, también.

Leo hoy en un brillante comentario en Público: "Los ocho partidos de extrema derecha, que incluyen a formaciones falangistas, patrióticas y anti-inmigrantes, sumaron unos 50.000 votos en las pasadas elecciones generales. Por otro lado, no podemos obviar que la ultraderecha prefiere una España genovesa que una España roja, por lo que cabe sospechar que el PP aglutina miles de votos útiles de la extrema derecha. En fin, me temo que, al menos en número, son casi tantos como los abertzales radicales vascos. A diferencia de ellos, sin embargo, cuentan con diversos medios de comunicación a su servicio para hacer apología de las más diversas aberraciones: apología del racismo, del genocidio contra el inmigrante, del antivasquismo y anticatalanismo, y más y más. A diferencia de los abertzales pueden manifestarse en el centro de Madrid bajo lemas aterradores y gritando consignas que son el bochorno de cualquier sociedad civilizada. Y una última cosa, aunque todo lo que postulan me parece repugnante, defenderé siempre su derecho a expresarlo, siempre que lo hagan pacifícamente. Que cada uno se ponga en evidencia como más le guste".

Sin embargo, qué dolor de papeles que ha de barrer el viento...

Y parece que solo existe un tema de entre todas las violencias del sistema: laborales, de género, culturales, militares, farmacéuticas... Es como vivir dentro del chiste aquel en que un gorrioncillo bilbaíno volaba tranquilamente cuando, al tratar de cruzar la carretera, golpea a un motorista que pasaba. El pájaro cae aturdido al suelo, mientras el motorista siente lástima, y lo recoge. Se lo lleva a su casa y lo mete en una jaula con pan y agua para que el animal se recupere mientras él vuelve al trabajo.
Un rato después, el pájaro recupera la conciencia y va abriendo los ojos... cuando se ve rodeado de barrotes, exclama "¡ahivá la ostia! ¡Ya me cargué al motorista!"

Yo lo siento, pero frente a todas las violencias, vengan de donde vengan (ya sea del Estado y sus instituciones, de la economía privada y sus corporaciones o de lo que supuestamente está ahí para combatirlos) me quedo con la libertad más verdadera que descubrió Mikel, porque la única verdad, si es que existe, es que el pájaro nació para ser libre.

"Hegoak ebaki banizkio
nerea izango zen...
Ez zuen alde egingo...

Baina, honela, ez zen gehiago txoria izango...
eta nik txoria nuen maite".


"Si le hubiera cortado las alas,
habría sido mío...
Si le hubiera cortado las alas,
no habría escapado.

Pero, de esa forma, ya no sería un pájaro...
Y yo lo que amaba era un pájaro".

martes, 21 de julio de 2009

Un siglo después... o "de la nada al miedo"



«Sus leyes son inmorales, mi delincuencia tiene principios», dice Keny Arkana, acogiendo en sus letras la voz y la rabia de los invisibles. Hermana de los esclavos del sistema, a pesar de su juventud parece como si llevara siglos mamando de los pechos agrietados de la periferia mundial. Hija de la América Latina saqueada y vilipendiada, y de la Francia de los sans-culottes. Madre de los niños perdidos... Mujer y revolucionaria en los días del miedo global.

Y suenan sus palabras estos días en que se cumplen 100 años de la que pasó a la historia como la “Semana Trágica”, y que en la historia de los derrotados se llamó “La revolución de julio” (y, como estaba escrito, la historia de los derrotados se perdió en el olvido).

En 1909, en Barcelona, ciudad de los prodigios y también de la miseria, se encendió la chispa en una huelga de carácter antimilitarista, para bloquear el puerto con el objetivo de que no salieran más reservistas a Marruecos. Desembocó en una expresión de rabia popular en la que participaron unos 30.000 obreros industriales de la capital catalana. El fuego abrasó decenas de iglesias y escuelas católicas, en manos del oscurantismo más tenebroso (habían prohibido a Darwin en la Universidad, denunciaban y perseguían sistemáticamente al laicismo y a las ideas progresistas, y durante siglos se encargaron de incendiar la sexualidad humana a través de la culpabilidad, el miedo y el castigo), así como edificios institucionales y símbolos del poder, cuidando (a diferencia de otras ocasiones) de no llevarse por delante ninguna vida humana. En todos los municipios acabó declarándose la huelga, y en muchos de ellos comenzaron a proclamarse asambleas vecinales, reivindicando la jornada de 8 horas y mejoras en la calidad de vida. Sobre la mesa, también, las campañas a favor de los cementerios civiles y los registros civiles (todo, desde la cuna a la sepultura, desde la educación a la sanidad, estaba en manos de la santa madrastra). La cruel represión no tardó en llegar, y no dudó en asesinar, llevándose la vida de, entre otros, el pedagogo libertario Ferrer y Guardia, que moriría fusilado en octubre tras un juicio sumarísimo.
Mujeres y hombres, imperfectos y heridos, pero sin nada que perder, se entregaron a la dignidad. Porque, como dice la frase de Marcos en el vídeo, "la lucha es como un círculo; se puede empezar en cualquier punto, pero nunca termina".

1909, 2009... Y hoy, ¿Cómo podemos creernos tanto nuestro propio miedo para dejar de creer en nosotros mismos? Nadie cuestiona a la banca, que tiene secuestrada la vida de millones de personas que compraron sueños imposibles a precios falsos; nadie parece consciente de que hoy existan más de 2.000 millones de seres humanos en el planeta en una situación crónica de hambruna y miseria de la que jamás saldrán; pocos primermundistas parecen sentirse ni mínimamente cómplices del desequilibrio mundial que genera el mercado global, donde el 80% pobre (entre ellos 120 millones de niños y niñas) produce para el 20% rico que consume; y no sale el mundo entero a defender la madre tierra en la Amazonia, sino un puñado de campesinos que pierden su vida acribillados a tiros en el lejano Perú.

Manda el miedo a perder lo que ni siquiera es nuestro todavía, lo que más que probablemente nunca será nuestro. Mientras tanto, ese mismo miedo hace posible que saqueen lo que aún era de todos, aquello que consiguieron otros seres humanos jugándose la vida años atrás, como la sanidad, la energía o los servicios públicos. Ante el bloqueo general, que no es capaz ni de convocar una huelga general, aunque se le dé tan bien eso de quedarse quieto.
Sí, nos queda la rabia. Cien años después, y los que vendrán.

“La rabia del pueblo. Ok, tenemos la rabia, pero no de esa que hace babear.
(…) La vida cruje como nuestras suelas sobre el pavimento. La rabia de ver nuestros objetivos obstaculizados, de vivir atados de manos.
(…) La rabia de haber crecido demasiado deprisa cuando los adultos te roban la infancia. ¡Pah! Imagina un muro y un cochazo.
(…) La rabia, ya que es imposible esa paz tan querida. La rabia de ver tantos policías armados en nuestras calles.
La rabia de ver este jodido mundo autodestruirse
y que siempre haya inocentes en medio de los tiros.
La rabia, porque fue el hombre el que creó cada pared,
y levantó barricadas de hormigón, ¿tendrá miedo de la naturaleza?
La rabia ya que olvidó que formaba parte de ella. Desarmonías profundas,
pero ¿a qué mundo se fue la paloma?
La rabia de tener tan marcada la cara por las punzantes normas.
Y luego la rabia, sí, la rabia
de tener rabia desde que somos niños.

Porque tenemos la rabia,
pase lo que pase, permaneceremos en pie.
La rabia de llegar hasta el final
y hasta donde quiera llevarnos la vida.
Porque tenemos la rabia
ya no podremos callarnos ni sentarnos.
A partir de ahora estaremos listos
porque tenemos la rabia, el corazón y la fe.
Porque tenemos la rabia
ya nada podrá detenernos.
Insumiso, sabio, marginal, humanista o sublevado.

La rabia porque no elegimos nada
y sufrimos todo el tiempo.
(…) La rabia de vivir y vivir el momento presente,
de elegir su futuro, libre y sin su red de opresión.
La rabia, porque todo es una mierda
y porque este mundo lo acepta
y porque todos sus campos OGM esterilizan la tierra.
La rabia, para que un día
el engranaje sea roto.
La rabia, porque demasiados leen "verdad" en las pantallas de sus televisores.
La rabia porque este mundo no nos corresponde.
Nos alimentan con falsos sueños para colocar sus escudos de defensa.
La rabia porque este mundo no nos corresponde,
¡donde se ceba Babilonia mientras nosotros morimos abajo!

La rabia de creer y de hacer que las cosas cambien.
La rabia, de un Chirac, de un Sharon, de un Tony Blair o de un Bush.
La rabia porque este mundo ve rojo pero de pintura gris se rodea
y porque no se oyen nunca los gritos cuando corre la sangre.
(…) La rabia porque Occidente aún no se
ha quitado su atuendo de colono.
(…) La rabia porque no quieren
que las cosas cambien, ¿verdad?
Prefieren guardar sus poderes
y manipularnos como a sus máquinas.
La rabia porque creemos en los ángeles
y porque hemos elegido caminar con ellos.
La rabia porque mis afirmaciones molestan.
Mira en las cuatro esquinas del globo
la rabia del pueblo en ebullición.
La rabia, sí la rabia,
o la gasolina de la revolución.

miércoles, 15 de julio de 2009

La hueca suma de nuestros pronombres



Y es para llorar, porque nos queremos,
pero ahora se ve que el amor iba adelante,
con las manos gentilmente
para ocultar la hueca suma
de nuestros pronombres.

(Billet doux, Julio Cortázar)

¿Qué hacer cuando estamos inmersos, atrapados
en la tela de araña de este mundo-engaño?
¿Cuál es el precio a pagar en él por ser tú mism@…?
¿Cuánto has de traicionarte para que te quieran?
¿Dónde esconderte para que no te vean
más que donde los otros quieren que estés?
¿Qué disfraz te tocará ponerte esta noche?
¿Cuál de tus sonrisas utilizarás para no decir que no?
¿Cuánto dolor deberemos seguir eligiendo
para correr más deprisa que la honestidad?
¿Quién eres tú? ¿Dónde estás ahora mismo? ¿De quién te escondes?
¿Cuál fue el papel que elegiste para representar?
¿Qué necesitas para alimentar el personaje parásito
que vive la vida que solo a ti te pertenece?
¿Cuál es la condena que firmaste
para no disfrutarla?
¿Qué te esclaviza? ¿De qué está hecho
el cristal en el cual te miras?
¿Dónde habita el ego en el mapa de tus deseos?
¿Cuántos kilos de ropa, abrigos sintéticos,
sepultan tus miedos y tu vulnerabilidad desnuda?
¿Cuándo te decidirás a cambiar para que todo cambie?
¿Cuándo lo harás de verdad, a pesar de que todo cambie?
¿Hasta cuándo herirnos gratuitamente
con tal de mantener este falso equilibrio…?

BSO de Berri Txarrak:
Esnatu berria naiz eta ez dut ireki nahi
libratuko omen nauen ate sorta
lehioekin aski zait
ez dago inor gure zain
jendez gainezka dagoen kale hontan

Acabo de despertarme y no quiero abrir
la serie de puertas que dicen que me salvará
me vale con las ventanas.
Nadie nos espera
en esta calle que rebosa de gente.
...
Argia profitatuz amets bat idatzi dut
herri nekatu honen azalean
ea irauten duen,
badakizu hemen memoria ezabatzen digutela.

Aprovechando la luz he escrito un sueño
en la piel de este pueblo cansado.
A ver si dura,
que ya sabes que aquí nos borran la memoria.
...
Tristea da dena ospatu behar da.
Oraindikan dena lortzekoa da!
Orekak ez du balio lurrean zaudenean...
Orekak ez du balio aspaldi jausi zarenean...

Es triste tener que celebrarlo todo.
¡Todavía está todo por conseguir!
El equilibrio no sirve de nada cuando estás en el suelo...
El equilibrio no sirve de nada cuando hace mucho que te has caído...
...
Gure gezur propioak sinetsi ditugula
besteen gezurrekin aspertuta

Nos hemos creído nuestras propias mentiras
cansados de las mentiras de otros (...)
...
Tristea da dena ospatu behar da.
Oraindikan dena lortzekoa da!
Orekak ez du balio lurrean zaudenean...
Orekak ez du balio aspaldi jausi zarenean...

Es triste tener que celebrarlo todo.
¡Todavía está todo por conseguir!
El equilibrio no sirve de nada cuando estás en el suelo...
El equilibrio no sirve de nada cuando hace mucho que te has caído...
Oreka (Equilibrio)

jueves, 9 de julio de 2009

Isis



Apenas llegaba a los 19 años. Y su sangre joven tiñó de rojo el Golpe de Estado en Honduras. Era el sexto de doce hermanos en una familia de un barrio popular de Tegucigalpa. Por el día estudiaba en el instituto, y por las tardes trabajaba en la bodega de un supermercado de la capital.
Estaba en la marea humana que defendía la democracia y que fue una vez más embestida por la oligarquía económica, el Ejército y la todopoderosa Iglesia.
No tendrás un funeral como el de Michael Jackson, Isis Obed Murillo. Y tu nombre quién sabe si alguna vez saldrá publicado en la agenda oculta de algún servicio secreto, en la hoja de ruta de un secretario de Estado o en las actas de una cumbre del G8. Quién sabe si formará parte de algún sumario judicial.
La diosa egipcia que llevaba tu nombre era la "fuerza fecundadora de la naturaleza".
Que tus asesinos se traguen sus molares, caninos e incisivos, y se muerdan juiciosamente el hígado... y que tu nombre no se borre de la historia.

domingo, 5 de julio de 2009

Zona Especial Norte



“Me hablas pero no puedo oírte: el chivato cableado que me ha dado un beso de 40 minutos está muerto… le has ganado una sonrisa a la impotencia. Cristales golpeados, síntoma de distanciamiento entre amigos; una mochila cuadrada repleta de ti. Y las incontenibles ganas de recorrer ochocientos kilómetros de venganza.
(...)
Ven, estoy en el vacío que está junto a ti… Ven, un paso más hacia la cumbre… Y tú, escúchalo bien, tú me fortaleces… Ven, ese viejo muro está al caer; está al caer, a patadas, claro.
No hay sitio para la renuncia, siempre mirando hacia delante. Firmes en nuestras ideas, el futuro te espera…”

Y la preciosa voz de Sorkun canta:
“Como demuestran las cartas violadas, son testigos de letras solidarias que jamás se hayan escrito”
(Kristal kolpatuak, Cristales golpeados, canción del Hatortxu 10).

“Te amo, cada vez que con mi bolsa me dirijo al autobús.
Te amo, en ese largo viaje sin poder conciliar el sueño.
Te amo, cuando tomo un café con leche en un pueblo que no es el mío.
Te amo, cuando veo los muros grises
y me dan un número.
Te amo en el momento de enseñar el carné
y mientras me registran.
Te amo, cuando te espero sentado en los dos metros cuadrados.
Te amo, cuando apareces
y me lo dices todo con los ojos.
Te amo, cuando en lugar de acariciar tu mano,
toco el grueso cristal que nos separa.
Amo los cincuenta y cinco minutos
que dura la visita,
cuando el ruido del cerrojo me hace recordar
que otro mes más tiene que pasar hasta volverte a ver.
Podría escribir otro tipo de canción
pero prefiero estar cansado. Y la frase,
la que no te cansa escuchar,
te la volveré a decir mil veces.
Al volver, tan pronto agarro un libro,
me quedo dormido
para enseguida empezar a soñar contigo.
Y en los sueños te quiero preciosa,
como una poesía obsesiva de Xavier,
como una narración moldeada por Sarri,
como un cuento de Obaba de Atxaga,
como una historia sangrienta de Mikel.
Te amo."

(Amodiozko kanta, Canción de amor, Negu Gorriak)


Cada año, por Navidad, mientras en los centros comerciales suena incansable el mismo disco de villancicos, hay quien entona el cántico popular “Hator, hator, mutil etxera", para pedir que vuelvan a casa los represaliados del conflicto político vasco. Desde 1999, el festival Hatortxu Rock se celebra por esas fechas en apoyo a este colectivo de presos. Hatortxu 10 se trataba de una convocatoria especial en verano, formulada como un homenaje al Hatortxu en sí, y a la gente que cada año lo hace posible. Resultaba especial también porque estamos asistiendo a una campaña de criminalización sin precedentes contra los movimientos de apoyo a presos. Según informa Etxerat, entre los Estados español y francés hay 738 personas presas, que debido a las políticas de dispersión destinadas a condenar también a sus seres queridos, se encuentran a una media de casi 700 km de sus familias (que gastan un promedio de 1.637 euros mensuales en ir a visitarlos).

Cuando nos acercamos a Lakuntza, en el precioso valle de Sakana (que hoy sufre los destrozos de las obras del TAV), comenzamos a rememorar el plan ZEN puesto en marcha en 1983 encontrándonos todos los accesos al pueblo tomados por la Guardia Civil. Queda claro de entrada que esto no es el Viña ni el Festimad. El clima autóctono amenaza lluvia todo el rato, aunque por suerte y por las altas dosis de civismo no hay incidencias de ningún tipo.

“Zona Especial Norte” fue también el nombre del primer trabajo que firmaron los grupos RIP y Eskorbuto de manera conjunta en 1984, en los albores del llamado rock radical vasco. Y aquella BSO del programa represivo sonó con fuerza esta edición del Hatortxu: la actuación de RIP fue de lo más impresionante del festival. Concierto emotivo porque de la formación original sólo quedan dos miembros, y una tromba de invitados (Juanra KOP, Niko MCD, Etsaiak…) fue subiendo a cantar sus canciones ante un público enfervorizado que coreaba unas letras que sonaron muy actuales. Otros grupos llevaron también versiones del cajón de las viejas canciones de Eskorbuto y Kortatu, aparte de la presencia del incombustible Evaristo (Gatillazo) o Parabellum. El altísimo nivel de las bandas y el entusiasmo de la gente unió las viejas canciones de combate con los himnos más recientes: qué decir de los directos de KOP, Banda Bassotti, Habeas Corpus o Berri Txarrak… También hubo lugar para las charlas políticas del colectivo de presos y para celebrar el Hatortxu Eguna, en el que ex preso político del IRA Bik McPherlan cantó “Quisiera volver a Derry”, de Bobby Sands.

La organización nos habla de 10.000 asistentes el viernes y 20.000 el sábado, una solidaridad que desbordó todas las previsiones. Jóvenes venidos de todos los rincones de Euskal Herria y del Estado. A pesar de que el cartel de conciertos es impresionante, lo que más sorprende es la capacidad de organización del evento. El número de voluntarios en los taldes de apoyo, según nos contaron, ha rondado en torno a los 2.500, que se encargaron desde semanas atrás de segar y acondicionar el inmenso terreno para los escenarios y las zonas de acampada, y luego de velar por que todo fluyera con respeto hacia el pueblo y el medio ambiente durante los tres días: los accesos en coche, la atención a la gente, los hatortxubuses, las txoznas… en un ambiente que no dejó de ser festivo en ningún momento. “El pueblo de Lakuntza ha estado trabajando prácticamente para el Hatortxu. Sin ellos y ellas el montaje no hubiera sido posible”, comentan. Los grupos musicales vienen participando desinteresadamente, como forma de mostrar su compromiso.
Un festival atípico, especial en todos los sentidos, que para los organizadores es una “cita con la solidaridad”, y que, al contrario de cualquier otro de la lista de festivales, éste cada vez termina con el profundo deseo de que sea el último a celebrar.

martes, 30 de junio de 2009

América late, Latina



Honduras. Uno de los países-cortijo más invisibles del continente americano. Mientras se agudizan las desigualdades sociales, y la barriada (la chusma, para otros) va tomando la palabra en tantos lugares de la región, las imágenes vuelven a revelarse ante nosotros casi tan claras como en los años 70.

Porque a la vez encuentra uno noticias nacidas de la solidaridad y que llegan como la pólvora para difundirse, que hablan de tanques y armas pesadas a las puertas del Congreso hondureño, de manifestantes enfrente jugándose la vida exigiendo que se respete su frágil democracia y contra el golpe de Estado de la jerarquía local... noticias que ya hablan de un estudiante muerto, quizá tres... y setenta y cien heridos, que hablan de detenciones de líderes sindicales, de ensañamiento militar, de órdenes de mano dura, llamadas de alerta porque la asonada se está cebando principalmente contra los movimientos sociales y populares...

Y uno también puede encontrar la joya del día de una intelectual del bando autodenominado "demócrata", Zoe Valdés. Ella, exiliada cubana y exiliada de sí misma, porque habla de su "América Letrina" como si hablara de la basura, hace toda una declaración de principios de la elite occidental contra la chusma que augura un siglo XXI tan llenito de combate ideológico como el XX...

Poner a Cuba o Nicaragua como el infierno de Centroamérica es sencillamente inadmisible. Ambas tendrán sin duda sus errores por el camino, sus represiones y sus límites a ciertas libertades, sus propias contradicciones insalvables... Pero se trata sin duda de gobiernos donde el pueblo tiene un protagonismo esencial y sus conquistas sociales son indiscutibles. Al fin y al cabo, son islas dentro de un océano (Guatemala, El Salvador, Honduras...) donde los Derechos Humanos no se cuestionan porque haya presos políticos condenados en las cárceles o porque el señorito o la señorita Williams hayan perdido su derecho de mansión y criados locales y se hayan escapado a Miami, sino porque la gente que lucha y se arriesga por mejorar la calidad de vida de la población, sencillamente, desaparece.

En Cuba y en Nicaragua nos topamos con la burocracia. En países como Honduras, nos topamos con Keyser Söze. Aquí la democracia dura lo que dura la obediencia a los que siempre tienen la sartén por el mango. De la misma forma que el primer mundo nos repite cada amanecer y cada anochecer que el capitalismo como funciona es siendo rico. De los pueblos tontos, ya dijo Kissinger sobre Allende: "no permitiré que un país se haga marxista por la irresponsabilidad de su propio pueblo", y le dieron el Premio Nobel de la Paz por luchar contra los inconscientes, a quienes hubo que dejar a miles desaparecidos para sembrar América Latina de muertos que luego se le adjudicaron a la ideología socialista en el "Libro negro del comunismo". Que la democracia solo vale cuando gana Dios. "Todo para que haya un orden, pero tú con los que ordenan".
Ellos dicen mierda, nosotros amén:

“Ze la Yapearon”

A este señor tan propenso al melodrama izquierdoso, como suelen ser los caudillos latinoamericanos, al presidente Zelaya de Honduras, al que le quedaba poco en el poder, sólo un año o menos, le han dado los militares un golpe de Estado. No debería alegrarme -en nombre de la democracia-, pero me alegro. Eso es América Letrina, caudillos de derechas, golpes de Estado, y ahora caudillos comunistas, otra vez golpes de Estado, ¡qué pereza!, y la gente tirá para la calle. Muertos, heridos, total, para nada.
Yo no estoy de acuerdo con los golpes de Estado en estados democráticos, pero en países como esos de América Letrina, donde el comunismo está cogiendo fuerza, me parece muy sensato que el ejército se levante. Es lo que me gustaría que sucediese en mi país, que el ejército se levante en contra de los Castro, que se pongan los pantalones y acaben con ellos de una vez y por todas. No lo harán, la Yuma está demasiado cerca, y exiliarse siempre es la solución más cómoda. Preferimos que nos jame el tiburón a que una bala nos atraviese el corazón, (¿no ven, de todo sacamos una rumba?).

A Zelaya se la chapearon, no la cabeza, por suerte; la presidencia. Todo parece indicar que ya tenía a unos cuantos bastante hartos de su mierda comunista -que dirían los Porno para Ricardo, q.e.p.d-. Ahora, el Mico Mandante ingerencista, el impresentable Hugo Chávez, está pidiendo al pueblo, que no es su pueblo, que salgan a la calle a morirse, a defender a un desvergonzado y tragimatraquilla Zelaya, amigo de los Castro y del pedófilo Ortega.

¿Tendremos un Irán en América Latina, una juventud como la iraní? Lo dudo. Mucho menos en Cuba. Estamos hechos de la miel del azúcar, del humo del tabaco, y algunos, de contra, de la embrutecedora y criminal coca.

¿Pueblos niños? No, pueblos tontos.

Fíjense si somos tontos que desde hace más de quince años quiero dejar de escribir de política de una maldita vez, y no lo logro. Sólo los tontos escribimos de política tercermundista.

Zoe Valdés, en El Economista.

viernes, 26 de junio de 2009

El viaje de Yakito

Yakito me mira, tumbado en el regazo de su acogedora manta como un bebé en vigilia.

Sus ojos brillan tanto que parecen dos gotas de agua a punto de caer de una hoja temblorosa. Sus patas canela duermen profundamente un sueño de gaviotas.

Hace media hora, cuando llegué a casa y lo encontré ya completamente sin fuerzas, lo cogí otra vez entre mis brazos para que dejara de temblar. En el impulso de su último suspiro, trepó para lamerme compulsivamente el cuello, como la primera vez. Tenía el hocico fresquito. Húmedo y radiante, como desafiando al final de sus días. Los últimos meses, en el parque, todo el mundo me hacía la misma pregunta… “¿y cuántos años tiene?” Pero él y yo sabemos que Yakito no tiene años. En tal caso, tiene días. No sólo porque sigue siendo un bebé en el continuo ciclo del nacer incesante, sino porque su vida ha sido un viaje lleno de instantes. Cómo explicarle a Carmen, la señora mayor que todos los amaneceres se sienta en los bancos de la plaza a ver pasar las aves y las horas, el concepto de la eternidad de los instantes. Un árbol en el parque sintiendo el levísimo peso de los gorriones sobre sus débiles ramas, el hermoso canto a la vida de sus cuerdas vocales. Seis mil doscientos días. ¿Qué son seis mil doscientos días a los ojos de un perro? Un millón de momentos. Esa es su edad ahora mismo. La señora lo mira con pena, pero Yakito sonríe.

“Es precioso. ¿Qué raza es?” Preguntan los dueños de sus amigos en el parque. Él es un mestizo. Sí, no pertenece a ninguna raza, y a los perritos sin raza rápidamente los catalogan como “mestizos”. Su mamá era una pastora belga, y su papá un pastor alemán. Tiene un pelo largo canela con orlas blancas, un hocico color carbón y una larga cola que nunca deja de ondear. Lo que más llama la atención de él son sus ojos, que parece que los lleva pintados. Y su forma de mirar tan penetrante y dulce a la vez…

Aún recuerdo el día que, por primera vez, entró en casa. Era tan pequeño que casi cabía en el cuenco de mis manos. Tenía unos ojos saltones, dos perlas negras que expresaban una bondad infinita. Había nacido entre los escombros de una obra. Un amigo transportista, que adora a los perros, me contó que todos los días pasaba por una obra custodiada por dos canes. Una tarde se dio cuenta de que la perrita había quedado preñada, así que habló con los propietarios del terreno. Le dijeron con desgana que querían tener un perro más. En el parto, la pastora belga, que se había escondido toda la noche en el rincón más oscuro y silencioso de la finca, dio a luz dos cachorros. Y sabiendo del poco amor que profesaban sus amos a los animales -incluidos los humanos- hizo lo posible por evitar el abandono de sus crías, y no tuvo una camada numerosa. Dio vida a una pareja casi idéntica, que deambulaba a su lado por el solar. A los pocos días, los dueños, casi al azar, eligieron. Mi amigo estuvo pasando día a día durante semanas por aquella finca, y se quedó con el perro no deseado. Él sabía que a mí me encantaban los perros y que me moría por tener un cachorro, y no dudó ni un instante en hacerse con él para hacerme un regalo.

Yakito corre sobre la nieve y sobre la hierba mojada sin parpadear ni un segundo, sintiendo en su blanco vientre el frío frotándose contra su abrigo. Se lanza al río sin pensarlo a buscar un palo, aunque la corriente se lleve el palo río abajo, y luego vuelve con él en la boca, en su esfuerzo incansable a contra corriente. Escucha atento los ladridos lejanos en la noche, aun dormido. Siempre alerta. Contempla, sintiendo dios sabe qué misterios, el consumir de la leña amontonada en la chimenea. Olisquea la hierba mientras siente el viento acariciando sus orejas. Salta de alegría cuando yo llego y me ve aparecer, enloquecido, y juega con el mayor de los cuidados con la pequeña Celia, mi hermana pequeña, protegiéndola de las sombras y de los peligros en la calle. Viaja a ratos sentado sobre los asientos traseros del coche. Duerme placenteramente la siesta sobre su manta, sabiendo que tiene que reservar energías para cuando le llegue la hora de saltar del automóvil.

Me viene a la memoria el día que fui a recogerlo. Cuando llegué a casa de mi amigo y se abrió la puerta, el cachorro salió corriendo a mi encuentro, como si ya supiera que yo venía a buscarle. Había pasado la noche entera escondido debajo del sofá. Saltó sobre mí, lo cogí en brazos y comenzó a lamerme compulsivamente en el cuello, la barbilla, buscando mi mejilla... Yo no había dicho nada en casa, pero sabía que mi nuevo amigo no iba a ser bienvenido por mi madre. Llamé al timbre con inquietud cuando me planté en casa, y Yakito, que aún no tenía nombre, apareció entre mis brazos ante mi madre. Ella pegó un grito de espanto cuando lo vio, y esa mañana me echó de casa. “No quiero que entre un perro en esta casa, y si lo quieres contigo, te tendrás que ir tú”, me dijo. Y los dos nos escapamos a dormir a casa de una vecina. Mucho tiempo estuvimos sin hablarnos mi madre y yo por eso, porque ella sabía que me iba a salir con la mía. Aunque con el tiempo llegué a entender el susto de mi madre, porque la verdad es que impactaba ver al cachorro. Aunque mi amigo lo había bañado a conciencia, aún mantenía en su piel manchas de cal y de pintura. Durante los primeros días, aún podía ver en sus excrementos un entresijo de cables y tornillos, trozos de yeso, restos de obra…

Yakito me mira, sabiendo perfectamente que hoy es su último día. Con una inmensa calma, ve pasar los últimos minutos de su reloj, y apura su último paseo alrededor de mis ojos. Los últimos meses, las visitas al parque las hacía en mis brazos, como un recién nacido… tres veces al día volvía a sentir la misma excitación aunque ya sus músculos no respondieran y sus huesos le dolieran hasta los tuétanos. Lloraba de impotencia por no ser capaz de romper a saltar, a correr, a brincar sobre los otros perros del parque, aunque, a su manera, nunca dejaba de hacerlo.

La primera tarde que pasó en casa eligió él solito su sitio para echarse la siesta conmigo. Yo siempre me tumbaba en el sofá un rato, y Yakito se puso a los pies del sofá. Aquello pasó a convertirse en un hermoso ritual: nada más tumbarnos los dos, él comenzaba a morderme la manga y tirar hacia abajo, hasta que lograba que mi brazo se posara encima de su lomo y así quedaba tranquilo. Poco a poco, consiguió también que yo no lograra relajarme hasta que no sentía su pequeño corazón latir en mi mano.

Y las últimas noches, cuando me acostaba y lo dejaba en su cesta del salón, ya sabía que no iba a salir de allí durante toda la noche. Y sin embargo, volvía a escuchar sus pasos tintineantes por el pasillo. Al principio me levantaba a menudo por ver si era él quien increíblemente corría por aquel túnel noctámbulo. Y no encontraba a nadie a lo largo de la casa. Cuando llegaba a su cesta, lo encontraba con los ojos abiertos, mirándome y contándome con la mirada que sí, que era él quien se echaba esas carreras, y que no pensaba renunciar a ello mientras tuviera fuerzas para soñarlo.

Recuerdo la noche en que murió la abuela. Su hospital, en el que llevaba largo tiempo ingresada, quedaba a trescientos kilómetros de distancia de nuestra casa, y en el mismo momento en que dio el último suspiro, Yakito soltó un aullido interminable, de lobo herido quebrando la madrugada. En casa, todos supimos en aquel instante que la abuela acababa de decirnos adiós, y respondimos con un silencio respetuoso, esperando la llamada que recibiríamos apenas cinco minutos después.

Como todos los seres especiales, él también vivió una historia de amor. En sus paseos nocturnos se hizo amigo de Korina, una pastora belga mayor que él, de un precioso pelo largo negro. Duraban horas los paseos cuando los dos se encontraban. Juntaban sus hocicos y se quedaban en esa posición durante minutos, completamente inmóviles y con los rabitos muy tiesos. Sin mover un solo músculo. Hasta que uno de los dos daba un salto y empezaba a correr alrededor del otro, provocándole en el juego… los dueños asistíamos al espectáculo con la misma ternura y asombro cada día ante esos cortejos. Y si marchábamos al Retiro con los dos, era impresionante ver cómo paseaban juntos, lomo con lomo, por el parque. Durante un tiempo intentamos que tuvieran cachorros, pero todo esfuerzo fue inútil: sólo jugaban y jugaban, montados uno encima del otro, persiguiéndose o con sus cariñosos besos caninos. Cuando Korina emprendió su viaje, me entristecía ver a Yakito llegar al parque y buscarla entre todos sus amigos, uno a uno, sin entender por qué no acudía ella a su cita diaria.

Y ahora está él en la camilla con la cabeza recostada, sobre su manta de siempre, como un bebé, y sin perder mis ojos de vista.

Hemos recordado juntos, durante un largo rato, el día de ayer, cuando fuimos a despedirnos de la nieve. Diapositivas en blanco y negro de sus días y noches de amor incondicional. Y sus ojitos, incapaces de separarse de mí hasta el último instante, van apagándose lentamente en el silencio de la noche, a continuar su sueño interminable.

Enseguida corrí a nuestro valle de siempre, para refugiarme de la tristeza… Y ahora, sentada junto al río, a ver pasar el caudal de hojas que el otoño nos regaló, corriente abajo, me acuerdo de los días en que Yakito se posaba sobre la nieve, revisitando el invierno como un ave migratoria.

Y entonces echo a llorar desde mi roca. Tengo tanta pena dentro que por un momento siento que soy yo quien se convierte en río… De repente, una presencia fuerte se abalanza sobre mí desde atrás, embistiéndome con fuerza, arrollándome… tirándome prado abajo, comienzo a caer dando volteretas, en una imparable caída libre entre respiraciones entrecortadas… hasta que puedo incorporarme y logro abrir los ojos y salir de mi miedo atropellado, y me doy cuenta de que es Yakito, que salta gimiendo, lanzándose contra mi mejilla, buscando mi cuello de nuevo, lamiéndome la cara entera, posando sus patas y trepando por mi cuerpo hasta conseguir dibujarme una sonrisa a lametazos…

(Tengo en mis manos un ejemplar de “Asentamientos”, el libro de los alumnos de los talleres literarios de la escuela Fuentetaja. En él incluyeron este cuento que escribí, seleccionado junto a otros 56 de entre 210 presentados.)

miércoles, 24 de junio de 2009

Y sigue el sufrimiento…



Hacía apenas una hora, no se le habría ocurrido pensar lo que iba a sucederle después. Aunque se puede decir que llevaba mucho tiempo temiendo que algo terrible pudiera ocurrirle, porque ya eran muchos años viviendo al límite, en un camino de encrucijadas de donde es muy difícil salir. Casi tenía la sensación de que había nacido con esa huella marcándole por dentro, con la condición de llevar encima una carga, una maldición...
Se encontraba en aquel habitáculo encerrado, cuando de repente estalló el explosivo que llevaba bajo sus pies. No corrió nadie a socorrerle, porque nadie podía entrar a sacarlo de allí, y era imposible sofocar su cuerpo en llamas. Murió solo, y se trataba sin duda de otra muerte inútil en una incansable, interminable lista de violencia contra los más básicos principios de humanidad.

Hablo de Jonathan Sizalima, un ecuatoriano que con tan solo 20 años estaba preso en el Centro de Internamiento de Extranjeros de Via Laietana, en Barcelona. Preso en una cárcel de invisibles, con el único delito de no llevar papeles legales, porque no se los dan. Preso y sin poder recibir visitas, porque si su novia o su amigo o su madre van a verle y no tienen papeles, acaban compartiendo celda en espera de la deportación. La exclusión social, la pobreza, la invisibilización, el andar escondido por la calle, sin poder viajar, sin poder caminar libremente por una ciudad cualquiera una noche cualquiera… Tenía antecedentes por robo. Hacía una hora, el abogado de oficio que fue a visitarle, le comunicó que iba a ser expulsado del país. No había nada que hacer. La temperatura subió en el drama de sus días, y la angustia, y la desesperación... y él poco después decidió calcinarse vivo y sin temporizador. Colgarse del techo con su camiseta y acabar con la vida de perro que le había tocado vivir, en un mundo donde las mareas de personas en situación ilegal se cuentan por millones en cada país desarrollado, y sin embargo no existen, porque están escondidos, y nadie siente por ellos. Y ellos nos demuestran, en acciones así de duras, que también sienten, aunque su dolor se apague en un calabozo o se pierda en el mar o en el infierno, el mismo mar que sirve a otros de playa y paraíso.

Mientras esto sucedía, en otro atentado terrible contra la vida, muere un policía nacional. A él se le dedica todo el espacio de los noticiarios. Habla la viuda, el hermano, la casta política al completo. El país llora entero y obediente al compás. Sin embargo, Jonathan no existe. Ni Said, Rosita, Mustafa, Jaroslaw, Mahmadou…

Pero qué decir en estas largas jornadas cuando sólo existe una noticia. En un mundo basado en la codicia, que se muestra a través del trabajo basura, las relaciones basura, la política basura, la prensa basura, el amor basura, la humanidad basura… Sizalima era un joven basura que sufría incondicionalmente la violencia cotidiana de observar cómo a su alrededor la gente caminaba sin trabas, a pie o dentro de un modernísimo auto, con un iPhone en la mano, con unos sofisticados cascos oyendo la última novedad discográfica…, gente ejerciendo delante de él el sagrado acto del consumo (en cómodos plazos y sin intereses) ante los escaparates para él prohibidos, que ofrecen felicidad al otro lado del cristal. Gente durmiendo en sus confortables hogares, mientras él se apañaba en una cama caliente. Gente, también, señalándole cada paso.

Yo recuerdo que cuando era mozo le daba mucha importancia, entre otras cosas, a la política parlamentaria. Cualquier salida de tono del primer capullo envuelto en un traje ante la tribuna saltaba la alarma en mi casa. Inconscientemente, pensaba que eso era lo más importante en la vida del país, y me indignaba si los demás no estaban al tanto de lo que en el Parlamento ocurría. A los pocos meses de salir de casa me fui dando cuenta de eso, porque esa comedia tan rentable y tan macabra a la vez había desaparecido de mi cabeza… Sencillamente en mi casa familiar estaba todo el día la radio puesta, repitiendo el mismo sermón, seleccionando lo que es importante saber y lo que no… y no nos perdíamos un tediodiario. Pero salí de allí y en mi ideario pasaron a ser importantes otras cosas en lo político, sin duda más cercanas a la tierra, a la calle y a la gente. Por no hablar de los millones de noticias terribles que nos perdemos cada día, porque el noticiario está centrado en vendernos miedo, normalidad y crisis para domesticarnos.

Por eso pienso qué pasaría si el Parlamento estuviera realmente en manos de los vecinos, de los municipios, de los trabajadores o de sus representantes… O si los medios de comunicación no estuvieran atados a la cuerda de la gran banca y sus sagrados beneficios. Entonces, probablemente nuestros mártires diarios serían otros, y recordaríamos cada mañana a las cuatro personas que mueren cada día en el trabajo (y nosotros un poquito, también morimos con ellas), o a las once personas que sufren cada día agresiones de carácter racista, fascista u homófobo según el Ministerio del Interior (y nosotros, un poquito, también sufrimos esos palos que nos afectan a todos). Los desahuciados, que se cuentan a miles diarios, los desatendidos, los pensionistas, los parados, los presos… Más aún, si estuviera en manos de ellas, pienso qué pasaría con el machismo en el trabajo, en la casa, en el vecindario, en la sexualidad, en la pareja, en los cuidados (y con ellas nosotros también perdemos tanto...).

Pero en este Estado, esas otras víctimas invisibles no tienen el mismo reconocimiento, sencillamente porque a ellas no las conocemos. No ocupan el Parlamento, no nos habla de ellas cada día la televisión para concienciarnos de que existen y mucho menos para concienciarnos en que tienen derechos que les han sido arrebatados, y menos aún en concienciarnos de que es también nuestra la lucha por recuperarlos. Silencio. Silencio y distancia. Ni siquiera cuando la mano invisible les empuja al suicidio y sus iniciales pasan a ocupar una diminuta esquela de recuerdo en la sección de Sucesos.

domingo, 14 de junio de 2009

Ama...



La noche anterior había sido muy dura. Llevábamos varios días de manifestaciones y arrojo popular como hacía muchos años que no conocía esta ciudad dormida. Los enfrentamientos con la policía eran constantes. La gente joven y la no tan joven estaba llena de rabia. Algunas veces la policía partía por la mitad la manifestación, en mitad del recorrido, y podíamos ver muchos niños llorando, presos del pánico, sin saber hacia dónde correr, dejándose llevar por la mano del padre o de la madre. Los míos también estaban en esas manifestaciones, pero iban lejos de mi mano, por suerte. Porque en una de esas carreras yo no corrí. Me dejé llevar por la inconsciencia y quedé frente a la línea policial, solo, pensando que estaba seguro a cinco metros del cordón. Estaban machacando a porrazos a un chaval en el suelo. Las porras golpeaban duro la cabeza del chico, que se encontraba inmóvil, y yo no podía soportarlo. Grité como un loco que no le pegaran más. Que no le dieran en la cabeza. Nunca pude aguantar ver eso... un porrazo en la cabeza es terrible... Y me perdí. Sonó un disparo, y tuve la sensación de que la bala salía de mi pecho. Me sentí como en una película, como en las escenas tantas veces repetidas en el telediario cuando informan de las manifestaciones con muertos en países del otro lado del mundo, y todo es humo y carreras y gente en el suelo... De repente todo se ralentizó, y el mundo se detuvo. Pasé a una dimensión en la que los sentidos bailaban y el tiempo no corría. Se hizo el silencio, como cuando en el cine deja de funcionar el sonido cuando el protagonista está a punto de morir. No oía nada. Acababa de salir de mi pecho una bala disparada como si mi cuerpo fuera un cañón... Nunca hubiera pensado en esa sensación, pensaba que recibir un tiro era como sentirse atravesado, pero pude ver cómo aquella bala emanada por mí botaba en el suelo y salía hacia arriba... el disparo se quedó en mi cabeza detenido, y volvía a sonar, como si mi corazón fuera una batería de misiles... y yo, lejos del mundo, me retorcía en el suelo, porque mi pecho ardía como si estuviera en llamas. Poco a poco (en tiempo real pasarían un puñado de segundos, pero en mi cabeza el instante fue de una noche ralentizada) se fueron colocando los elementos en la escena. No podía respirar, no podía dejar de retorcerme de un lado para otro, soltando un hilillo de dolor constante, como de animal herido, que era lo único que oía nítidamente mientras unos brazos anónimos me arrastraban para alejarme de los uniformados, que habían comenzado a avanzar... así aprendí lo que es sufrir un pelotazo de goma a quemarropa a escasos metros del inapelable arma policial...

Al día siguiente visité a mi madre, que andaba preocupada, porque oyó que la noche anterior había estado en el hospital. Me pidió que le enseñara la herida... y aunque me negaba en rotundo a hacerlo, al rato me dio por subirme la camiseta...
Al ver el pecho roto bajo una marca terrible de fuego rojo entre varias costillas hundidas y la piel quemada, le cambió la cara. Gritó un insulto de rabia, se levantó como un resorte, sin dejar de gritar maldiciendo al defensor del orden que ejecutó con exquisita eficiencia su tarea, y se fue a la cocina a llorar de rabia en soledad, tratando de apagar sin éxito sus alaridos de angustia... Yo la seguí, corriendo, la abracé fuerte, mientras ella lloraba y gritaba sin parar... pude besar sus mejillas y sus ojos, su frente, como nunca lo había hecho en mi vida. Sentí su piel quizá con la misma ternura que ella debió sentir la mía cuando ella misma me trajo al mundo, entre besos de sal y abrazos tan atrasados corriendo al encuentro de la madre.

De esto hace más de seis años. Y la cicatriz de aquella noche, que también es la de aquella mañana, persiste. Cada mañana y cada noche la puedo ver en mi pecho, resistiendo el paso de los días.

Ayer volví a oír llorar a mi madre. Esta vez era ella quien regresaba del hospital y quien mostraba su herida lejana y abrasadora por dentro... Y me rompí en mil pedazos, al otro lado del teléfono, como un espejo que se derrumba en el suelo.

Como en el poema de Eñaut Etxamendi, quizás sean gotas del rocío de la mañana...