viernes, 17 de agosto de 2007

...el diablo no tiene quien le escriba

...en otro tiempo al diablo se le ponía barba o kufiyya, se le vestía de caqui o se le pintaba la cara con la precisión de las mejores campañas de Hollywood... mis ojos de niño vieron pasar a un diablo llamado Gaddafi, un personaje un tanto tétrico y arrugado, que más tarde se mudó unas montañas más allá, ante la cuna de la civilización, con el nombre de Saddam Hussein (con guión también hollywoodiense: una antigua relación de amor que acabó en ruptura y venganza y celos... y bombas de racimo e invasiones).

Diablos verdes como monstruos, traían su olor malvado desde Oriente, el lado malo de la vida.
Entretanto se había creado, en las industrias UE, un diablo local para hacer la competencia. Slobodan Milosevic, que ganó incomprensiblemente entre un casting tan duro que hasta en el mismísimo Juicio Final quedarían en tablas los carniceros de la región. Si estudiamos la película, el trasfondo anecdótico siempre es el mismo, aunque nadie caiga en ello: Iraq significó el nuevo reparto del petróleo, la financiación árabe de la carnicería entre árabes, el nuevo orden en el que todo Estado molesto pasó a ser Protectorado sumiso y dependiente. La de Yugoslavia terminó con el reparto de los Estados más ricos para las grandes empresas alemanas. Para los pobres... bueno, eso queda para el cine independiente. Pero el final huele a prado recién abrazado por la lluvia, a familia saliendo de la mansión ante los primeros rayos del sol, después de que al malo se lo lleva la policía para siempre...

América Latina es otra cosa, en esta versión macabra del realismo mágico condenada a revivir siempre el mismo final y el mismo nacer incesante. Tras el expolio, el siglo XX consistió en una continua creación de demonios para justificar las intervenciones del vecino de arriba. Sin embargo, el pequeño lagarto verde en el Caribe resistió embestidas e invasiones, y aguanta como buenamente puede en el día a día de restricciones y calumnias. Hoy, el diablo lleva boina roja. Hugo Chávez, personaje tan carismático como controvertido, incomoda a todos los tentáculos del pulpo de los negocios latinos en la aldea global. Para él se le ha reservado un personaje maquiavélico, con ansia de poder. En su ficha de personaje está subrayado su pronunciamiento militar, su "caracazo" particular en el 92. Y se le saca mucho partido a su forma de arengar a las masas y al orgullo con que mira al proceso social del que se siente líder. En toda ficha de malvado, en el carácter oculto del personaje (eso que los teóricos dan en llamar "la teoría del iceberg") aparece en letra minúscula la palabra "nacionalización", el gran pecado imperdonable.

En España, creadora de monstruos por excelencia, no se le dedica atención al proceso social que se vive en los últimos años en Venezuela. Sin embargo, se le da una extraña cobertura a todo hecho susceptible de crítica en la vida cotidiana de aquella república desde que el Movimiento Bolivariano se aupara con el poder y cada vez que va arrasando en las votaciones populares.
La no renovación de una licencia de emisión a un canal golpista obtuvo un seguimiento minuto a minuto en los grandes medios de comunicación del Estado español. Si contáramos las veces que cada día es violada la palabra "libertad" en estos medios (por boca de los políticos, los empresarios, los periodistas y demás miembros de la internacional de la hipocresía) quizá nos veríamos el ombligo propio.

Pero el país que tiene un jefe de Estado nombrado por un general fascista que gobernó el país durante cuarenta años (como su sucesor, dejando todo "atado y bien atado"), que nunca ha sido sometido a referendum y nadie puede cuestionar que el suyo es un cargo vitalicio y hereditario por su interminable familia (que ostenta cargos en las directivas de las principales empresas del país), no tolera que en Venezuela vaya a haber un referendum en cada barrio para que los venezolanos elijan si dejar en el poder indefinidamente a Chávez (aunque sea un cargo revocable en la V República). El país que lleva años criminalizando y encarcelando iniciativas políticas, plataformas sociales y juveniles por acusaciones de colaboración con banda armada..., que cierra periódicos ante la misma nebulosa judicial (Egin, Euskadi Información, Egunkaria, la asfixia económica de Gara y diversas editoriales o el secuestro de El Jueves, el cierre de Tele K...) no tolera que en Venezuela se deniegue una licencia a quien conspira contra el Estado y llama al magnicidio, o que el estado venezolano impulse iniciativas como Tele Sur.

Esta mañana, en la SER, el director del programa matutino habla con tan desagradable desprecio de Venezuela que parece que el croissant ha escapado de su estómago y le está comenzando a morder por dentro, las pinzas del cangrejo de azúcar se han rehecho y le pellizcan insistentemente el corazón, bombea, vida, rebélate, plántale cara a tu amo. Pero es el tono habitual empleado para esta parte del subcontinente estadounidense. Hablan los tertulianos y todos opinan lo mismo, vaciando de contenido las palabras. En la hora del ventrílocuo hablan los intereses económicos de cada grupo mediático. Violando de nuevo el concepto de "democracia", que ante ellos permanece intacta con todas las formas de la libertad de expresión. Los jueces, sentados ante una confortable mesa del primer mundo, dictan sentencia ante un mapa de España sobre los males que aquejan al resto del planeta. En el fondo, no importa que los venezolanos elijan: ya están condenados de antemano por los creadores de opinión global.

Nadie habla nunca de las conquistas sociales: la erradicación del analfabetismo, las misiones sanitarias, los derechos reales conseguidos por la mujer... si no es para tildarlas de "demagogia". Venezuela debe ser de los pocos Estados globales cuya economía no tira ni de la venta de armas, ni de la venta de miedo, ni del ladrillo ni de la especulación bursátil, sino de la industria (el petróleo) que financia no la lucha con/contra el terrorismo, sino la lucha por la igualdad social.

Y nosotros, ¿cuándo aprenderemos a mirarnos en el espejo? Mientras tanto, los lápices de Hollywood palidecen, porque su última versión del diablo sólo triunfa en las carteleras de los informativos.



(Imagen: grafitti en la calle de un barrio popular de La Habana.)

1 comentario:

Esther dijo...
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